Oraciones Poderosas y Magicas

viernes, 18 de abril de 2014

ORACIÓN PARA EL DOMINGO DE RESURRECCIÓN

 
 
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la víctima
propicia de la Pascua.
 
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió en nueva alianza.
 
Lucharon vida y muerte
en singular batalla
y, muerto el que es la vida,
triunfante se levanta.
 
“¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?”
 
“A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada
Los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
 
¡Resucitó de veras,
mi amor y mi esperanza!
 
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
Allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua”.
 
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
 
Rey vencedor,
apiádate de la miseria humana
Y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
 
 
Amén
 
 
 

jueves, 17 de abril de 2014

SEMANA SANTA: ORACIONES PARA EL VIERNES SANTO

 
 
 
 
Por la mañana
 
Jesucristo se ha perdido;
la Virgen le va a buscar.
De huerto en huerto;
de rosal en rosal.
 
Debajo de un rosal blanco
un hortelano está.
Hortelanito dime la pura verdad!
Si a Jesús, El Nazareno,
por aquí viste pasar?
 
Sí, Señora que le he visto,
antes del gallo cantar!
Una cruz lleva en sus hombros,
que le hace arrodillar.
Una corona de espinas,
sus sienes traspasar.
Una soga atada a la garganta,
que de ella tirando va.

Entre judíos y judías,
bien acompañado va.
Caminemos Virgen Pura
por el Monte del Calvario.
 
Que por presto que lleguemos,
ya le habrán crucificado,
ya le atraviesan sus pies,
ya le clavan sus manos.
 
Ya le tiran la lanzada en su divino costado!
La sangre que derramara está en el Cáliz Sagrado.
El hombre que la bebiera,
será bien aventurado;
será Rey en este mundo,
y en el otro coronado;
será feliz mientras viva
y de toda mala infestación guardado.
 
El que esta oración dijera todos los Viernes del Año,
sacará un alma de pena y la suya de el pecado,
quien la sabe y no la reza
quien la oye y no la aprende,
el día de el juicio sabrá
lo que esta oración contiene.

ORACIÓN
 
Viernes santo era en aquel día
en que estaba la Virgen María
con su libro de oro en las manos
la mitad rezaba y la mitad ofrecía.

 
Cuando llegó su hijo precioso y le dijo
que hacéis madre María?
duermes o velas?

No duermo ni velo
si no que antenoche tuve un sueño:
en el monte Calvario
estaban 3 cruces
y en la más alta te ví crucificado,
es cierto esto hijo precioso ?

Cierto es madre María
Viernes era viernes,
viernes era, por cierto,
cuando Jesús cargo
con una cruz acuestas
y una soga al cuello
que un judío le estiraba
y a cada estirón que le daba
Jesucristo se arrodillaba.

Las 3 Marías le lloraban,
una era la Virgen pura,
otra era la Magdalena
y otra era Martha su hermana,
la que más dolor pasaba.
 
La inocencia de la Verdad contrasta
con el escarnio recibido.
Es el día de la osadía,
del arranque y del vértigo.
 
El día de la verdad:
el momento de la entrega
se está produciendo en totalidad.
Cristo sale de sí mismo por completo.
Ahí está la Verdad desnuda, crucificada.
Regando amor, pero en forma de sangre
que se le escapa de sí mismo.
Es el sacrificio de su vida,
misterio del mayor amor.
 
Jesús se atardece...,
Jesús inclina la cabeza y muere.
 
Compasión, Tú, para nuestras vidas rotas.
Siervo, Tú, que entiendes el oficio,
Toda la belleza que hay en la vida,
Tú la ofreces al Padre desde la desnudez
y la fealdad de tu cuerpo destrozado
Y lo haces así porque estás convencido
de que tu mensaje de amor y justicia es posible
y que el proyecto de Dios sobre el mundo llegará.
 
Sucede como siempre:
mucha gente que habla, que grita,
que murmura; mucha gente que se esconde,
que nunca da la cara.
Voces en contra, pero ¿qué hablamos?,
¿qué gritamos?, ¿por qué nos escondemos?
Si recogiéramos todas las palabras
que hemos pronunciado en la vida,
¿se salvaría alguna? Y de los gritos ¿qué queda?
 
En cuánta inutilidad nos empleamos,
cuánto tiempo vivido sólo al nivel de los instintos.
Mientras tanto, los que sufren se han quedado sin voz,
 sin justicia, sin pan, sin defensor.
Dios, como el menor de los humanos,
muere en cruz fuera de la ciudad
para no contaminarla.
 
A las tres de la tarde
 
JESUS MUERE EN LA CRUZ
 
Brazos rígidos y yertos,
por dos garfios traspasados,
que aquí estáis, por mis pecados,
para recibirme abiertos,
para esperarme clavados.
 
Cuerpo llagado de amores,
yo te adoro y yo te sigo;
yo, Señor de los señores,
quiero partir tus dolores
subiendo a la cruz contigo.
 
Quiero en la vida seguirte
y por sus caminos irte
alabando y bendiciendo,
y bendecirte sufirendo
y muriendo bendecirte.
 
Que no ame la poquedad
de cosas que van y vienen;
que adore la austeridad
de estos sentires que tienen
sabores de eternidad;
 
Que sienta una dulce herida
de ansia de amor desmedida;
que ame tu ciencia y tu luz;
que vaya, en fin, por la vida
como tú estás en la cruz;
 
De sangre los pies cubiertos,
llagadas de amor las manos,
los ojos al mundo muertos
y los dos brazos abiertos
para todos mis hermanos.
 
Amén.
 
Cristo por nosotros
se sometió incluso a la muerte,
 y una muerte de cruz.
 
Diste tu vida por los hermanos:
enséñanos a amamos mutuamente
con un amor semejante al tuyo.
Soy como un inválido,
tengo mi cama entre los muertos,
como arrancado de tu mano.
 
Mirad y ved si hay dolor como el mío.
Así estás, mi Cristo,
como una oveja que ha perdido el camino,
como alguien que carga con crímenes que no son suyos, como un inválido golpeado.
Perseguido a muerte, empujan su vida al sepulcro.
 
¿Quiénes? ¿Entre ellos estoy yo?
Dios parece que se esconde y que le abandona.
Es la hora del desamparo.
Pero Cristo confía en su Padre
y a sus manos se encomienda
como un desposeído de los muchos
que pueblan la tierra.
 
Como el mayor de los esclavos,
reclina su cabeza en la miseria
 de una muerte ignominiosa.
Dios sostiene la fortaleza de su Hijo.
 
Dios prepara la victoria:
el odio ha clavado a Cristo en la cruz;
el amor debe aliviar su dolor.
 
Cristo paciente, que cargado con nuestros pecados
subiste al lefio, nos dejaste un ejemplo
para que sigamos tus huellas.
A pesar de cómo te trataron,
nunca proferías amenaza alguna.
 
 Capacítanos para imitarte;
que vivamos para la justicia y que, como Tú,
nos pongamos en manos del que juzga justamente:
en las manos de Dios, padre y madre sin medida.
 
Que podamos ofrecerte una vida sin mentira, sin fraude.
 
 Mantén, Señor, la unidad de la Iglesia,
protege a tu pueblo santo.
Congrega a los cristianos en la unidad.
Carga sobre tus hombros de Pastor
a quienes no creen en ti ni en tu Hijo Jesús;
ábreles los ojos y el corazón.
 
Guía los pensamientos y decisiones de los gobernantes
para que en el mundo haya paz.
Concede tu consuelo a los atribulados.
 
Por la noche
 
Este árbol de la cruz cuyo fruto humano eres Tú,
Cristo Jesús,
reparó el daño que el pecado causó en nosotros.
 
Cuando te vas, a esta hora de tu amarga muerte,
es el momento de decirte:
gracias por las Bienaventuranzas;
gracias por tu sangre derramada;
gracias por tu vida dada;
gracias por tu justicia,
gracias por tu paz,
tu amor inagotable hacia nosotros.
 
Es la hora de tu generosidad:
la de mostrarnos tu amor hasta el extremo;
 la hora de dar tu vida.
Es la hora del amor y de la generosidad,
porque sólo el amor salva.
Y con el amor la fraternidad, la justicia, la verdad
y el servicio se hacen efectivos.
El odio, nos lo dices desde la cruz aunque no hables,
el odio, la violencia, la injusticia llevan a la muerte.
Nos dices que si alguien quiere amar,
que lo haga como Tú nos amaste:
sin límites.
 
Que si alguien comprende lo que estás haciendo,
que no se encierre ya en sí mismo
sino que abra los brazos para estrechar al hermano.
 
El camino de la cruz ha llegado a su fin.
Todo queda terminado, consumado.
 Por eso, "reclinando la cabeza, entregó el Espíritu".
 
Ante este Cristo muerto quiero descubrir, vivir,
celebrar y experimentar que Dios es amor,
y que Él nos amó primero.
 
Ahora tengo razones para amar,
porque he sido testigo de que el amor existe,
de que el amor es verdad,
de que el amor es Dios que nos ha amado
sin excluir a nadie.
Me toca ahora amar a mí dándome,
haciéndome pequeño, perdonando,
poniendo la otra mejilla, que es lo contrario de pisar, humillar, herir, rechazar.
Porque ya está bien de despilfarrar vida,
de echar por tierra tanta capacidad
de ilusión y de bien.
 
Déjame que a tu lado ponga mi cruz, oh Cristo.
Deja que mi sangre se mezcle con la tuya.
Que nunca desde mi cruz blasfeme,
pensando que son estériles el dolor y la muerte
que me cosen a ella.
Que no malgaste mi dolor y mis horas.
Que descubra que tu muerte es mi vida.
 
 
 
 

SEMANA SANTA: ORACIONES PARA EL JUEVES SANTO

 


 
Por la mañana
 
Te has sentado a la mesa
de la eterna fiesta de la fraternidad.

Sabes muy bien lo que hay dentro
de cada uno de nosotros, tus invitados.

Por eso Tú, que en tu angustia ante la muerte
clamaste a Dios y, sufriendo, aprendiste a obedecer,
has querido hacer tuyas
las pasiones y sufrimientos humanos.

Has derrotado a la muerte
derrotando la iniquidad y la injusticia..
Te compadeces tanto de nuestras debilidades,
que quieres quedarte para siempre con nosotros
y así poder echarnos una mano cuando sea necesario.

Te has convertido para los que obedecen a Dios
en autor de salvación.
 
Y nuestra salvación, Señor, es quererte y amarte.
 
Te has sentado a la mesa,
y has invitado como comensal a todo el mundo.
Se acabó la negativa a compartir;
 la división entre los hermanos no tiene sentido ya;
 el desprecio por los pobres se convierte en acogida
y servicio al lavarles los pies
con gestos reales de entrega radical.

Sí, te has sentado a la mesa
y nos dices de corazón que has deseado enormemente comer esta comida pascual con nosotros,
antes de padecer.
 
Consciente de que había llegado tu hora, Jesús, habiéndonos amado, nos amaste hasta el extremo.
 
Y ya tienes un pan en la mano,
que bendices y nos repartes,
animándonos a que lo comamos porque es tu cuerpo.

Y sin haber podido salir aún de nuestro asombro,
has llenado la copa de vino y nos la pasas también
para que bebamos, porque es tu sangre.

Y que te vas, pero que cada vez que nos reunamos
y repitamos este gesto del pan y del vino,
Tú estarás á nuestro lado para que podamos anunciar
al mundo tu muerte y resurrección.
 
Cristo maravilloso, gracias por enseñarnos
a descubrir al hermano, a tender la mano,
a presentar la otra mejilla, a compartir pan y hogar.
Gracias por ese poco de pan en tus manos
y ese vaso de vino, con los que nos dices
cómo se vence el pecado, el hambre, la muerte.
 
Que ahora nosotros continuemos tu lucha para que
todo hombre y mujer sean queridos y respetados,
para que a nadie le sea negado el pan y el trabajo,
 para que los niños puedan reír ilusionados.

Sí, continuaremos tu lucha
para que nadie se enriquezca con el trabajo de los demás
y para que nadie tenga miedo de nadie.
 
Por la noche
 
Hoy, día del amor fraterno,
procura partir tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
viste al que veas desnudo
y no te cierres a tu propia carne.
 
En la última cena, Jesús,
nos dijiste con tu propia vida entregada a la muerte,
que lo único que vale es el amor a los hermanos,
hasta ser capaces de dar la vida por ellos.
 
"Quien pierde su vida, la gana para siempre".
Hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación
y la de toda la humanidad, tomas el pan y dices:
 
TOMEN Y COMAN, ESTO ES MI CUERPO.
 
Coges después la copa, y añades:
 
TOMEN Y BEBAN, PORQUE ESA ES MI SANGRE.
 
Por favor, nos suplica Jesús,
hagan siempre y donde estén lo que acabo de hacer.

Gracias, Padre Dios, por tanto amor.
Gracias, Jesús, porque en la última cena
inventaste la misa;
porque el Jueves Santo nos enseñaste a servir.
Gracias, Jesús, porque incluso
llamaste amigo al traidor Judas;
porque nos diste un Mandamiento Nuevo;
porque nos has dado un corazón parecido al tuyo.
 

Monición
 
Vamos a acompañar juntos a Jesús
en esta noche de Jueves Santo.
 
No tengamos prisa.
Junto a Jesús el tiempo tiene sabor de eternidad.
 
Aunque es de noche, sea ésta una hora de luz.
Que Jesús nos ilumine.
 
Aunque haga frío,
sea ésta una hora cálida de amor,
prolongación del amor hasta el extremo
que hemos celebrado esta tarde.
 
A esta noche del Jueves Santo se le llama con razón:
 «Día del amor fraterno».
 
Las palabras de Jesús, las cosas que realizó,
 los gestos inolvidables durante la última Cena,
proclaman su generosidad desbordante
y su amor incondicional.
 
Antes de entregarse a la muerte por amor,
quiere darnos la prueba suprema del mismo
y enseñarnos cómo tenemos que amar a los demás,
al prójimo, al hermano.
 
Cristo conoce bien el corazón del hombre.
Sabe que muchas veces traicionamos las promesas;
que no somos fieles a nuestros compromisos;
que somos débiles a la hora de la entrega;
que muchas veces amamos solamente de palabra.
 
Él mismo fue testigo y experimentó
esta amargura en uno de los suyos.
En la escuela de Jesús, próxima a la Cruz,
podemos hoy aprender
la gran lección que Él nos brinda: cómo amar.
 
Abrámonos al Espíritu, ese fuego misterioso
que arde en lo más hondo de nuestro corazón.
Escuchemos y miremos.
Miremos a Cristo y permanezcamos cerca de Él.
 
Oración
 
A cada invocación respondemos:
 Señor, aumenta mi fe
 
- Quiero estar cerca de ti.
- Quiero escuchar tu palabra.
- Quiero confiar en ti.
- Quiero disipar mis dudas y superar mis miedos.
- Quiero seguir tus pasos y ser tu testigo.
- Para que aprenda a perdonar.
- Para que sepa compartir.
- Para que me decida a lavar los pies.
- Para que me deje lavar los pies.
- Para que aprenda a amar como Tú.
Pongamos nuestros ojos en Jesús.
Él tuvo una preocupación fundamental:
El querer del Padre.
De tal manera polarizó esto su existencia
que pudo llegar a afirmar:
«Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre».
 
Él se nos ha entregado como comida de salvación.
Agradecidos, miramos nuestra vida.
 
(Nos preguntamos por nuestros deseos y hambres.
Dónde los tenemos puestos, cómo los alimentamos, cuáles son realmente nuestros deseos, en qué o quién tenemos puesto el corazón. Silencio)
 
(Nos preguntamos con sinceridad si podríamos vivir
sin Eucaristía, o si es para nosotros una rutina,
un complemento alimenticio que no nos dejaría hambrientos si prescindiéramos de él. Silencio).
 
(Ponemos nombre a nuestras tentaciones,
a las que intentan vendernos
desde tantos mercados.
Reconozcamos las tentaciones
que nos acechan para mantener despierto
el deseo de otro Pan diferente,
el que se nos ofrece en Jesús. Silencio).
 
 
 
SALMO
 
Te bendigo, Señor, con el corazón gozoso, en todo tiempo;
Día y noche, cuando trabajo o descanso, quiero alabarte;
Mi corazón sólo en ti encuentra vida, amor y lealtad;
Yo me alegro, Señor, con todos los hombres que te alaban.
Mis ojos te miran y tu presencia me inunda de alegría;
Me siento feliz, me siento tranquilo cuando te alabo.
 
Yo soy pobre de corazón,
Señor; a ti grito y tú me respondes.
 
Siempre estás a punto para sacarme de mis angustias.
Tu acampas en tu tienda junto al pueblo escogido;
Eres como una columna firme
en medio de los que en ti creemos.
 
¡Oh Dios, yo he gustado y he visto lo bueno que eres tú!
Yo soy dichoso al haberte escogido
como el centro de mi vida.
Ante ti, Señor, siento respeto y reverencia;
A tu lado yo he experimentado que nada me falta.
Los que pasan de ti, se quedan pobres y vacíos;
Los que te buscamos, Señor, quedamos saciados.
Tú eres grande, eres maravilloso, eres único, Señor.
Nuestras ansiedades y angustias las haces tuyas.
Tú estás cerca, Señor, de quien tiene roto el corazón,
Y estás pronto a salvar a los que se sienten hundidos.
Yo confío en ti, lo espero todo de tu misericordia;
Confío porque me amas y defiendes siempre mi vida.
Te alabo, Señor, con el corazón lleno de gozo.
Te adoro y te bendigo, Señor y Dios mío.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo ...
 
ORACIÓN
 
Cristo Señor, Cabeza del Cuerpo en constante crecimiento,
Señor de tu Iglesia y de todo el universo,
Tú nos has prometido estar con nosotros
todos los días hasta el fin de los tiempos,
al contemplar este signo del pan Eucarístico,
que tú mismo elegiste
para manifestarnos tu nueva presencia,
te adoramos en la plenitud de tu Misterio.
Te adoramos a ti, el Hijo eterno y bendito,
que hoy, como ayer,
te das por entero al Padre y te recibes de Él;
enséñanos a ser también nosotros hijos de Dios,
dichosos de recibirlo todo del Padre y de darnos a Él.
Te adoramos a ti, que entregaste tu vida por los hombres
y a quien el Padre resucitó con el poder del Espíritu;
concédenos la gracia de acceder
al conocimiento de tu amor,
que excede todo conocimiento,
y de saber dar también la vida por nuestros hermanos.
Te adoramos a ti, que te haces presente
en el pan y el vino, frutos de la tierra;
nos reconocemos ante ti,
no como amos y señores del universo,
sino como servidores y sacerdotes de tu creación
de la que Tú harás que broten
la tierra nueva y los cielos nuevos.
Te adoramos a ti, Cristo eucarístico,
porque junto a ti se acrecienta nuestra conciencia
de que nos amas gratuita e incansablemente.
¡Te adoramos a ti rebosantes de agradecimiento,
Cristo presente en la humildad de este sacramento!
 
Oración final
 
Señor Jesús, acompáñame en el nuevo camino
que voy a emprender contigo esta noche.
 
Quiero abrir los ojos del corazón y buscar
dentro de mí la entrega y el amor
que tú has sembrado y yo guardo escondido.
Quiero vivir con fuerza y desde dentro.
Quiero beber tu cáliz y subir contigo a la cruz, y
 hacer mía tu Palabra y dar razón de tu esperanza,
y amar como tú me amas.
 
Señor, acompáñanos en el nuevo camino que,
 junto a ti, vamos a emprender esta noche.
 
 
 
 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

ARCHIVO DEL BLOG

Followers