Dulcísimo Jesús Nazareno,
Divino Redentor de las almas.
Yo tu humilde criatura,
merecedora de tus reproches
por los feos desórdenes de mi vida,
por los feos desórdenes de mi vida,
arrojado con dolor a tus pies,
adoro Señor, el inefable Sacramento
de tu Pasión Dolorosa, y en ella
los sensibles, y afrentosos pasos,
los sensibles, y afrentosos pasos,
que representa vuestra Real Persona
desde que orasteis en el Huerto,
hasta el doloroso encuentro
con vuestra lastimada Madre.
con vuestra lastimada Madre.
¡Oh cuantos fueron aquí los tormentos,
las penas, las afrentas, las congojas!
¡Cuanta vuestra paciencia,
vuestra mansedumbre, vuestro amor!
¡Y cuanto el gozo con que todo lo padecisteis
por quebrantar las cadenas,
con que el pecado me había hecho su esclavo!
¡Quien fuera, Señor, un Querubín
para entender Pasión tan amarga,
¡Quien fuera, Señor, un Querubín
para entender Pasión tan amarga,
y un Serafín para amarla dignamente!
¡Oh cuanto os ofendí
pues tanto es costó mi redención!
pues tanto es costó mi redención!
¡Oh que enorme fue mi culpa,
pues tanto importó su rescate!
¡Oh que feliz fuera yo, si con la indignación
que concibo contra el pecado,
que concibo contra el pecado,
hecho pedazos mi corazón
por el dolor que siento
saliera a desagraviaros,
dulce Jesús.
Te suplico amado Jesús mío,
por esos dolores, por esas afrentas,
Te suplico amado Jesús mío,
por esos dolores, por esas afrentas,
por esas congojas, no olvidéis esta pobre alma,
y arrepentido de mi culpa,
miradme, Señor,
poner los ojos en Vos mismo,
herido y afrentado por mi amor.
No me arrojéis, Señor, de vuestros pies
hasta concederme este favor,
poner los ojos en Vos mismo,
herido y afrentado por mi amor.
No me arrojéis, Señor, de vuestros pies
hasta concederme este favor,
que emplearé en serviros,
y alabaros eternamente.
Amén.
Aquí se dice tres veces el Padre nuestro,
Aquí se dice tres veces el Padre nuestro,
Ave María y Gloria, y luego
con fe viva y dolor de sus culpas,
con fe viva y dolor de sus culpas,
pida cada uno al dulcísimo Jesús
la gracia que desea;
y sea tal que ceda en gloria suya,
y bien de su alma.







