¡Padre nuestro, que estáis en los cielos,
y por tantos títulos merecéis
el regalado nombre de Padre!
No te olvides de los que a mi me dieron la vida,
a los que tienen su amor en mi depositado
y son vivas imágenes de tu divinidad en la tierra.
Vuelve tus ojos paternales a aquellos
a quienes diste el nombre y las entrañas
de ser padres, amantes y protectores.
¡Solo tu sabes los muchos desvelos y trabajos
que han sufrido por mí!
A ellos, después de a ti, debo cuanto soy,
y todo cuanto tengo.
Haz, pues, que yo les tribute aquel amor,
respeto, obediencia y socorro que le son debidos,
que tu mismo tributaste a María y a José,
criaturas santísimas,
que te amaron sin límites
y cuidaron de ti protegiéndote siempre.
y cuidaron de ti protegiéndote siempre.
Conserva por mucho tiempo la salud y vida
a mis queridos padres, derramando sobre ellos
toda suerte de bendiciones temporales y espirituales,
preservándolos de todas las desgracias,
males, desavenencias e infortunios.
No lo permitas, dulce Jesús mío,
no permitas tampoco que se opongan jamás
a los designios amorosos que tu tienes sobre mí;
antes bien haz que conformando
su voluntad con la vuestra,
me ayuden a conocer y seguir mi vocación,
y alcanzar así la eterna salvación,
para alabaros en compañía suya
y glorificaros eternamente.
Amén.






